
Hace años decidí apadrinar a un niño de la India a través de una Fundación que realiza desde hace años una gran labor en un ámbito territorial de gran-des carencias humanitarias. Se trata de la Fundación Vicente Ferrer. La elección no fue al azar. Desde hacía tiempo tenía noticias de la ingente labor que un hombre de origen español llevaba a cabo en uno de los estados del sub-continente indio. Se llama Vicente Ferrer. Su figura siempre me intrigó, hasta que ya finalmente pude seguir una entrevista televisiva en la que me encontré cara a cara con un hombre radicalmente entregado al ser-vicio de los más desfavorecidos y, sorprendentemente, (o quizás no tanto) profundamente espiritual.
La vida de Vicente es la del hombre que desde su juventud intuyó, primero, y tuvo luego la certeza de que no es posible ser feliz sin tratar de hacer feli-ces a los demás, sin empeñarse en defender la causa de los excluidos. Estoy releyendo su autobiografía titulada “El encuentro con la realidad”. En su momento me sorprendió que un hombre que ha estado nominado al Nobel de la Paz y ha recibido el Premio Príncipe de Asturias a la concordia no hablase más de sí mismo, antes bien, tan sólo se refiere a algunos capítulos y experiencias de su vida como percha de la que colgar alguna reflexión más profunda, tanto que este libro se acaba convirtiendo en un auténtico tratado de espiritualidad o mística moderna, del todo recomendable por su profundidad y apertura de mente y corazón.
Él mismo narra cómo de joven, teniendo que participar forzosamente en la guerra civil española, estando en el frente del Ebro, salía de noche a contemplar el cielo, y cómo en una de esas noches de gran oscuridad pudo divisar una tenue luz, una estrella de “blanca luz menor”, que diría Francisco de Asís. Hasta entonces su alma se debatía en una lucha interior entre Dios sí - Dios no. Se le antojó a Vicente que aquel cielo era reflejo de su mundo interior y de una gran lucha entre la oscuridad y la luz. Y se le delineó aquella pequeña luz como imagen de Dios. Desde entonces cree firmemente en la Providencia. Dios es esa luz que necesitamos para hacer retroceder las tinieblas del mal. Dios es el bien, y en la acción bondadosa, comprometida, solidaria, a favor de los demás, está Dios.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada