EL TIEMPO DE LA ESPERA ESPERANZADA

Una vez más el adviento se nos ofrece como una oportunidad para profundizar en la fe y centrarnos en Dios, es decir, en todo lo bueno, todo lo positivo de la vida. Es como si tuviésemos la posibilidad de realizar una terapia de descentramiento de uno mismo para re-situarnos ante la vida, ante la esencia de la vida, con pies firmes.

El adviento es esencialmente un tiempo de espera esperanzada. Desde la vertiente religiosa, es el tiempo previo de preparación para la Navidad. Desde la vertiente puramente humana, es todo un ejercicio de descentra-miento para recuperar el sentido de la vida, para despojarnos de todo lo que nos impide elevar el vuelo con libertad, para volver a lo esencial, valorando así lo que verdaderamente tiene sentido en la vida.

El adviento coincide cronológicamente, en buena medida, con el otoño, que es la estación natural del año en la que la naturaleza parece adormecerse para regenerarse, para ir gestando en las entrañas la próxima primavera. Por eso mismo, la naturaleza de la que formamos parte, nos invita también a hacer un ejercicio de introspección, no para quedarnos varados en el puerto de nuestro ego, sino para reflexionar y preparar la nave para nuevas aventu-ras en alta mar.

En adviento “alguien viene”, escucha el eco de tu corazón. No dejes pasar esta oportunidad de reencontrarte a solas con tu ser íntimo, espacio sagrado en el que habita la felicidad plena: ¿Dios? Confía y espera, todo llega.