Jueves Santo

Paz y bien: A las puertas ya de la celebración de la Semana Santa, un algo de nosotros mismos se inquieta y abre hacia un horizonte de esperanza, porque hay un algo que somos que necesita encontrar estímulos y cauces de expresión. Se trata de la espiritualidad entendida como espacio íntimo de encuentro con la Alteridad, a la que tendemos de modo innato, aún cuando estemos enfrascados en esta ardua tarea de ser personas humanas en medio de una sociedad materialista y egoístamente envolvente.

El Jueves Santo evoca un acontecimiento histórico singular. Jesús de Naza-ret, a las puertas mismas de consumar su vida, celebra la “última cena” con sus discípulos, al tiempo que la espada de Damocles de la traición y el abandono se cernía sobre su cabeza. Pero lo decisivo de aquella noche no fue el hecho de que un grupo de personas se reuniesen para celebrar la Pas-cua (el “paso” de Dios) sino el gesto sencillo, profundamente significativo, del pan que se parte y se comparte, y del vino que alegra el corazón y es signo de amistad. De este modo lo cotidiano, el compartir la mesa, se con-vertía en experiencia profunda y mística de comunión con el Dios del amor.

En ese día conmemoramos la institución de la Eucaristía como sacramento, y el “día del amor fraterno”. ¿Qué mayor gesto de amor que el entregar la propia vida por los demás? ¿Qué sacramento más significativo que el de la “caritas”? Nuestra Eucaristía no será tal si no besa las raíces de la vida nuestra de cada día, si no somos capaces de construir fraternidad tal y como la experimentó “alter Christus” (otro Cristo): Francisco de Asís, hombre profundamente evangélico y, por ello, comprometido en la causa del amor al prójimo.

Debemos celebrar el gran sacramento de la vida, entendida como espacio sagrado en el que Dios se hace alimento de esperanza. Qué nuestra Eucaris-tía no nos aparte del compromiso cotidiano, en aras de la justicia y la paz, que son pórtico de entrada al Reino de los cielos anhelado y que se con-quista a fuerza de amor fraterno. Un Reino que ya está actuante en ti (¿no percibes su rumor?). Practiquemos la teología-filosofía del amor al próji-mo. Entonces sí, habrá llegado el auténtico Jueves Santo de nuestra salva-ción.

1 comentarios:

Pili Castro dijo...

Felicitaciones Paco por este nuevo Blogg... Tus palabras me han hecho recordar el "Jueves Santo" que celebramos en el Cenáculo Franciscano de Tierra Santa hace ya seis meses!! Recuerdo ayudarte a lavar los pies peregrinos (Gracias me encantó que me eligieras de ayudante, creo que aún no te lo había dicho) y nunca olvidaré como en el reparto de aquellos panes ácimos a la llegada al hotel,la gente se arremolinó como hambrientas palomas entorno a ti para recibir una simple miguita de pan!!! ¡esto es un signo claro de que a ti se te acercan los no creyentes para que les conviertas!
¡SÓLO ERAN TROCITOS DE PAN Y HASTA LOS JUDÍOS Y LOS MUSULMANES TE LO PEDÍAN CON MIRADAS PIADOSAS!!!!!
Gracias Paco por haber dado un sentido nuevo a mi fe, PILI