EN TIEMPOS DE CRISIS


Iniciado este nuevo año 2010 leo en la página correspondiente a uno de estos primeros días, en una agenda, una cita atribuida a Thomas Carlyle que transmite un pensamiento que me ha hecho reflexionar y que, desde luego, comparto: “De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos”. Y sin duda en estos tiempos en los que la crisis económica inspira tantos titulares de prensa y, lo que es peor, ahoga las economías domésticas afectando a millones de personas, no cabe lamentos, lo cual supone una pérdida de energía precisamente en un tiempo en el que se deben unir fuerzas para evitar que la nave de la sociedad naufrague de modo irremediable.

La crisis económica puede ser abordada desde diversas ópticas pero sin olvidarnos de que es la consecuencia de un sistema económico injusto que genera graves desigualdades sociales hasta llegar a esta especie de “crack” que se veía venir. El ser humano es un “animal ético” y no sólo estético, es decir, no podemos sustentar la vida en aspectos puramente externos, de pura apariencia, porque el ser humano es mucho más que una mera fachada, de ahí que sea urgente articular una nueva forma de entender las relaciones humanas, ya no desde la competitividad frenética y desalmada, y menos aún desde el ánimo de lucro sin límites, sino desde la vertiente más puramente humanitaria, porque, queramos o no, navegamos juntos, y no estamos para desperdiciar fuerzas. Por eso se me ocurre que la solidaridad puede ser, sino una solución, sí al menos un paliativo a esta feroz crisis que tanto daño está haciendo, con toda su retahíla de funestas consecuencias que se añaden a la frustración que supone el no poder vivir con dignidad de tu propio trabajo, un derecho reconocido pero no protegido por el sistema jurídico.

Y concluyo con otra cita atribuida a uno de los más grandes pensadores de la Antigüedad (después de todo el ser humano no ha cambiado tanto en siglos de historia): “De todos (los) pesados tiranos, que a veces mandan alternativamente y a veces todos a una, te librará la sabiduría, que es la única libertad” (Séneca). Seamos sabios –añado, con el permiso del filósofo-, liberados de prejuicios y egoísmo, juntos podemos amordazar la boca de la despiadada crisis que destroza vidas, y esa mordaza se llama solidaridad, que según el diccionario es la “adhesión a la causa o empresa de otros”, que en realidad es una causa común, porque vivimos en un mismo hogar, el planeta Tierra que nos sustenta y que debemos cuidar y mejorar, porque la verdadera nobleza humana consiste en construir, crear, abrir nuevos horizontes de esperanza para la Humanidad entera.


Francisco Castro Miramontes
Franciscano